VI DOMINGO DE PASCUA – CICLO A
10 de mayo de 2026
EVANGELIO: Juan 14,15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.
El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
CONTEMPLARI ET CONTEMPLATA ALLIS TRADERE
“Contemplar y dar lo contemplado”
En el evangelio de este domingo que estamos celebrando se oye a Jesús en su discurso de despedida en la Última Cena, antes de sufrir su Pasión y Muerte.
Estamos en el tiempo pascual, tiempo propicio en que toda la Iglesia está invitada, por medio de la Palabra de Dios, a sumergirse en el misterio de la Resurrección de Jesucristo. Hoy este discurso nos resuena a vida, y en abundancia, pues Cristo ha vencido la muerte.
Jesucristo resucitado de entre los muertos se vuelve el centro de nuestra fe. Él vive, está presente en la Santa Eucaristía; se nos entrega a sí mismo todos los días para darnos la vida que está en él. Asímismo cumple lo que había prometido: “no os dejaré huérfanos, volveré a vosotros.
En estos próximos días la liturgia va preparando nuestro corazón acerca de este gran don que hemos recibido de Dios: el Espíritu Santo. Y precisamente hoy en el discurso de Jesús se lo promete a sus discípulos.
“¡Dichosos somos nosotros que conocemos lo que agrada al Señor!” (Bar. 4,4). Aunque llevemos esta palabra en nuestro corazón también estamos seguros de que amar y obedecer nos cuesta muchísimo. Por ello, en el Evangelio de hoy Jesús promete el Espíritu que es la verdad, que es él mismo, a fin de auxiliarnos y ayudarnos a vivir su Palabra. Jesús siempre mantuvo el equilibrio del amor y obediencia para con Dios su Padre. Somos llamados a seguirlo por este camino que nos lleva a la libertad, a la plenitud y a la felicidad.
Además Él nos enseña que sin la fuerza del Espíritu Santo no podemos guardar sus mandamientos; tampoco amarle, obedecerle y seguirle. El Espíritu Santo es el que nos impulsa en nuestra misión: proclamar el Evangelio con valentía (primera lectura), dar razón de nuestra esperanza (Jesucristo vivo) con mansedumbre y paz (segunda lectura), y aceptar sus mandamientos manteniendo una relación con la Santísima Trinidad (Evangelio).
Que el Espíritu Santo nos guíe hacia Dios nuestro Padre y nos ayude a encontrarlo en las situaciones concretas de nuestras vidas.
RINCÓN LITÚRGICO
Sobre el año litúrgico
La santa Iglesia celebra la memoria sagrada de la obra de la salvación realizada por Cristo, en días determinados durante el curso del año. En cada semana, el domingo – por eso es llamado «día del Señor» – hace memoria de la Resurrección del Señor, que una vez al año, en la gran solemnidad la Pascua, es celebrada juntamente con su santa Pasión. Durante el curso del año despliega todo el misterio de Cristo y conmemora los días natalicios de los santos.
Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo único día festivo, más aún, “como un gran domingo”.
Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya.
Los domingos de este tiempo son tenidos como domingos de Pascua y, después del domingo de Resurrección, son denominados domingo II, III, IV, V, VI, VII de Pascua; el domingo de pentecostés clausura este sagrado tiempo de cincuenta días. (Misal Romano: Normas Universales sobre el Año litúrgico y sobre el Calendario, capítulo 1, n. 1, 22, 23.)



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