SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO
7 de Junio de 2026
EVANGELIO: Jn 6,51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
CONTEMPLARI ET CONTEMPLATA ALIIS TRADERE
Contemplar, y dar lo contemplado
Hoy la Iglesia celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.
Jesús, en la última Cena, instituyó el sacramento de la Eucaristía y nos lo dejó como memorial de su Muerte y Resurrección.
La Eucaristía es el anticipo de lo que vamos a vivir eternamente en el cielo. Es el alimento de unión, porque nos hace vivir en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y con toda la Iglesia, como dice San Pablo en la segunda lectura: “Todos comemos el mismo pan”.
En el Evangelio, Jesús se presenta como una ofrenda perfecta. Él es el Pan vivo que ha bajado del cielo, Él mismo nos dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día”. Su Cuerpo, su Sangre y su vida misma es el alimento cotidiano que nos sostiene en las pruebas y nos da fuerza para vivir según la voluntad de Dios.
Las palabras de Jesús fueron motivo de escándalo entre los judíos; murmuraban entre ellos y se preguntaban: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne? No entendieron el significado de tan gran misterio; muchos se marcharon porque, según ellos, las palabras de Jesús eran duras.
El Señor nos invita a creer en sus obras, en sus palabras. Nunca debemos dudar de su inmenso amor. En definitiva, el sacramento de la Eucaristía es un misterio real de la vida de Jesús, que tenemos que vivirlo desde la fe.
Aprovechemos el momento de la procesión para acercarnos a Jesús, caminar con Él, a su lado. Y llevar a los que no le conocen el don del amor que solamente Dios puede darnos. Él entregó a su único Hijo para que el mundo no perezca; nos lo entregó para siempre para que tengamos vida eterna.
El Señor nos conceda la gracia de permanecer en su amor.
RINCÓN LITÚRGICO
Reproducimos hoy la Secuencia del día del Corpus, en su versión breve, para su meditación:
He aquí el pan de los ángeles,
hecho viático nuestro;
verdadero pan de los hijos,
no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron:
Isaac fue sacrificado;
el cordero pascual, inmolado;
el maná nutrió a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero,
¡oh, Jesús!, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes,
que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales,
coherederos y compañeros
de los santos ciudadanos.



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