FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO A
11 DE ENERO DE 2026
EVANGELIO: Mateo 3, 13 – 17
Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió.
Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
COMENTARIO A LA PALABRA
Celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Señor, que es a la vez la culminación del tiempo de Navidad, y el inicio del tiempo ordinario.
Si leemos el Evangelio de San Mateo de manera continua, después del regreso de José y María de Egipto, y su establecimiento en Nazaret (Mt 2, 19-23), se nos narra cómo Juan, en el Jordán, bautizaba al pueblo para la remisión de los pecados. Y Jesús se une a ellos, también para bautizarse, aunque Él no tenía pecado.
Es decir, estamos asistiendo al inicio de la vida pública; de su manifestación no ya en el silencio y el anonimato de Belén, a los pastores y a los magos, sino públicamente, a todo el pueblo.
San Mateo, cuyo Evangelio leeremos durante este año, narra brevemente el episodio del encuentro de Jesús con Juan Bautista, su conversación previa y el posterior bautismo.
Es sorprendente que Jesús, el que viene a perdonar el pecado del mundo, se mezcla en medio de los pecadores en ese bautismo general. Antes de él podría estar un ladrón, un publicano, o un hombre lleno de odio. Y Jesús se mezcla entre ellos, “pasando por uno de tantos” (Filipenses 2, 7), siendo como era el Hijo de Dios.
Si una manzana podrida es capaz de estropear todas las manzanas sanas de un cesto, aquí ocurre al revés: el inocente, bautizado entre los pecadores, está prefigurando lo que será el sacramento de la purificación, el bautismo. No fue el agua en aquella ocasión la que limpió los pecados de Cristo, que no los tenía, sino que es Cristo, el inocente, el Hijo de Dios, el que dio al agua el poder de purificarnos.
La inmersión debajo del agua que tiene lugar en el río Jordán es una prefiguración de otra inmersión: Jesús entrará en la muerte y saldrá victorioso por la resurrección. Cuando nosotros hemos recibido el bautismo, hemos sido sumergidos también en la muerte de Cristo para resucitar con Él. San Pablo lo explicó muy bien en su Carta a los Romanos: “¿Es que no sabéis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva”. (Rm 6, 3-4)
Así pues, el inicio de la vida pública de Jesucristo nos está recordando el inicio de la vida de gracia que hemos recibido por el sacramento del bautismo, y también en ese momento se nos ha dicho: “Este es mi hijo amado”; hijo de adopción, hijo en el Hijo.
RINCÓN LITÚRGICO
Comenzamos hoy un apartado con elementos litúrgicos, y formación sobre las celebraciones de nuestra fe. En esta ocasión, reproducimos las renuncias que hacemos en la Vigilia Pascual, como renovación de nuestras promesas bautismales. Pueden ayudarnos a hacer una meditación sobre lo que implica nuestra condición de cristianos bautizados en la Iglesia:
- ¿Renunciáis a Satanás, esto es: al pecado, como negación de Dios; al mal, como signo de pecado en el mundo; al error, como ofuscación de la verdad; a la violencia como contraria a la caridad? SÍ, RENUNCIO.
- ¿Renunciáis a sus obras, que son: vuestras envidias y odios; vuestras perezas e indiferencias; vuestras cobardías y complejos; vuestras tristezas y desconfianzas; vuestras injusticias y favoritismos; vuestros materialismos y las sensualidades; vuestras faltas fe, esperanza y caridad? SÍ, RENUNCIO
- ¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser: el creeros mejores; el veros superiores; el estar muy seguros de vosotros mismos; el creer que ya estáis convertidos del todo; el quedaros en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios? SÍ, RENUNCIO
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo y que nos concedió la remisión de los pecados, nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor, para la vida eterna. AMEN



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