FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
14 de Septiembre de 2025
EVANGELIO:Jn 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».
COMENTARIO A LA PALABRA
La lectura casi continuada del Evangelio según San Lucas de los domingos del Tiempo Ordinario hoy se interrumpe, ya que en las Iglesias de Oriente y de Occidente celebramos la Exaltación de la Santa Cruz del Señor, convertida de instrumento de muerte en fuente de vida.
San Juan nos regala en el Evangelio dos afirmaciones sobre el misterio de Dios para con el hombre. La primera: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”. Está bien claro: Dios quiere que tengamos vida eterna, y para ello, solamente nos pide que creamos en Él. Y la segunda: “Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. Dios no quiere condenar a nadie. La voluntad de Dios es que el mundo se salve, pero no por sí mismo, sino POR ÉL, pues bien sabe que no podemos… pero para Él nada hay imposible.
En este domingo la Iglesia pone el foco en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo exaltada, elevada… esto es, en el MISTERIO DE LA MUERTE de nuestro Salvador. Un foco que en este año 2025 ilumina con doble intensidad al celebrar esta fiesta en el día del Señor, día en que celebramos el MISTERIO DE SU RESURRECCIÓN. Y podríamos preguntarnos: ¿cómo es posible celebrar a la vez la muerte y la vida? ¿Cómo contemplar el despojo que padeció Jesús, el desprecio, la injusticia, el dolor, la incomprensión, el abandono… con su exaltación, su infinito poder, su eterna sabiduría, su honor y gloria, su alabanza y acción de gracias? Él es la respuesta: Jesús de Nazaret, Rey de los judíos, el Hijo del Dios vivo, el Mesías esperado, nuestro Dios y Señor.
Misterio de Amor que quiere actualizar, vivir hoy en ti y en mí, por la fuerza de su Espíritu Santo, para la salvación de todos los hombres. Él es nuestro Salvador. Mi salvación eterna, la tuya, la de cada hombre, pasa por medio de Él, por el misterio de su muerte y de su resurreción. San Pablo lo comprendió muy bien, y no cesaba de indicar a aquellos cristianos (y ahora a ti y a mí), por medio de Quién nos viene la salvación: “Si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto” (1 Ts 4, 14).
“Seremos salvados por su vida” (Rom 5, 10). Por ello en la segunda lectura hoy nos recuerda que a Cristo Jesús, tras padecer una muerte de cruz, Dios lo exaltó sobre todo e invita a que toda rodilla se doble ante él y toda lengua proclame: “Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (cf. Flp 2, 6-11). “¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (1Co 15, 57).
ORIGEN DE ESTA FIESTA
Esta fiesta procede de la Iglesia madre de Jerusalén. Se celebra cuarenta días después de la fiesta de la Transfiguración del Señor, y su origen está relacionado con la dedicación de la Basílica de la Resurrección en Jerusalén, el 13 de septiembre del año 335, construida por el emperador Constantino. Al día siguiente se expuso la cruz que su madre, la emperatriz Helena, el 14 de septiembre de 320, había encontrado en Jerusalén tras una intensa búsqueda: el madero en el que murió Jesucristo, el Hijo de Dios.
La reliquia permanecería en la ciudad hasta que, hacia el año 614, sería sustraída por los persas en calidad de ‘trofeo de guerra’. Años más tarde, el emperador romano de Oriente, Heraclio, rescató el santo madero por lo que pudo ser enviado de retorno a la Ciudad Santa, Jerusalén, el 14 de septiembre de 628. Desde entonces, cada 14 septiembre se recuerda y celebra dicho suceso, instituido luego como festividad litúrgica.
MEDITACIÓN Y ORACIÓN
“En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido, por Cristo, Señor nuestro”. (del Prefacio propio del día) à ¿por dónde brota en mí la muerte? ¡De allí, Dios quiere que resurja la vida!
“El Dios, Padre de misericordia, que en la pasión de su Hijo os ha dado ejemplo de amor, os conceda, por vuestra entrega a Dios y a los hombres, la mejor de sus bendiciones. Y que gracias a la muerte temporal de Cristo, que alejó de vosotros la muerte eterna, obtengáis el don de una vida sin fin.
Y así, imitando su ejemplo de humildad, participéis un día en su resurrección gloriosa”. (de la Bendición solemne de la Pasión del Señor)



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